Educación medioambiental

Resulta evidente que existen creencias equívocas y un limitado entendimiento sobre la situación del cambio climático y la degradación ambiental. Esta realidad supone un obstáculo que complica, y en ocasiones imposibilita, que cambie el modo en que entendemos la situación e instalemos hábitos responsables con el medio ambiente. La cuestión se agrava si hablamos sobre la sorprendente ignorancia en cuanto a la conexión directa entre el bienestar humano y el cuidado del medio. Las dimensiones de los retos son enormes, como puede apreciarse, si tenemos en cuenta el decisivo impacto de la economía y la tecnología en el cambio global. La educación ecológica debe enfocarse a partir de estas cuestiones, aplicando nuevas y mejores formas de interacción con el medio, con nuevos y sostenibles métodos de producción. Los retos educativos se extienden a todas las edades y segmentos de la sociedad, siendo prioritaria la educación a edades avanzadas sobre ésta y demás cuestiones. Las empresas tienen un papel crucial y ejemplarizante en materia de educación ambiental, debido a su condición de agentes centrales de la producción y de gran altavoz social.

El éxodo rural acaecido desde la Revolución Industrial, y acelerado en la segunda mitad del siglo XX, ha provocado que en la actualidad aproximadamente la mitad de la población mundial viva en ciudades. Esta condición urbana del hombre ha provocado un desapego de gran parte de la población con el ecosistema, llegando a ignorar la dependencia que tiene el ser humano del mismo. Concienciar en materia medioambiental no debe ceñirse únicamente a abrumar con cantidades ingentes de información, sobre todo en la sociedad actual sobremediatizada por Internet. Existe el riesgo de perderse entre tanta información, por lo que la divulgación de calidad, didáctica y sosegada, juega un papel crucial en el reto de interiorizar nuevas ideas y formas de consumo, para generar así un cambio global que recupere la salud del planeta.

En 2005 Naciones Unidas promovió la iniciativa “Evaluación de los Ecosistemas del Milenio”, donde más de 1000 relevantes biólogos estudiaron la situación en que se encuentran los ecosistemas de la Tierra. En dichos estudios se encuentran pautas a seguir por las administraciones y comunidades en la línea de practicar nuevas formas de interacción con el medio. Este programa demuestra que la ONU es consciente de la ingente cantidad de información a la que nos vemos sometidos sobre el cambio climático y la degradación, por lo que la iniciativa va en la línea de ofrecer enfoques positivos sobre el camino a seguir para la transformación de la relación sociedad-ecosistema. Este Programa (Evaluación de los Ecosistemas del Milenio) confecciona situaciones alternativas, exponiendo variables fundamentales y “cleavages” que posibilitan y fomentan pautas conductuales nuevas. Este programa, en consonancia con su enfoque positivo, considera la situación actual como una gran oportunidad para germinar un cambio hacia una sociedad más sostenible. El Programa “Evaluación de los Ecosistemas del Milenio” será base de algunas de las futuras entradas en nuestro blog. Como sabéis, la divulgación y la concienciación forman parte de nuestro Compromiso Ecológico Vermont, por lo que en próximas fechas publicaremos artículos referidos a este programa y otros estudios.

Resulta lógico que deben implantarse nuevas políticas que promuevan iniciativas educativas que hagan entender la irreemplazable relación entre el bienestar social y el cuidado del medio. Esto facilitaría directrices e implantaciones de nuevos patrones de desarrollo que coadyuven a la recuperación de las estructuras socioecológicas. Durante el inicio del presente siglo se ha mejorado mucho en materia de protección medioambiental. No obstante, aunque parecemos concienciados del cambio climático y la degradación, existen contradicciones entre ciertas opiniones expresadas y los comportamientos en gran parte de la población. Existen vías no exploradas de educación ambiental, ubicadas entre la concienciación activa, la educación y el progreso tecnológico sostenible gracias a la investigación científica, capaces de mostrar alternativas alcanzables por los adultos.

La educación en los colegios e institutos de España se muestra insuficiente y caduca en materia de concienciación. En la Enseñanza Primaria no se imparten lecciones sobre el calentamiento global y su impacto. Las asignaturas Conocimiento del medio en primaria, y Ciencias de la naturaleza, Ciencias de la tierra y el medio ambiente, y Ciencias sociales y Tecnología en la ESO, son las asignaturas donde se educa en materia medioambiental, dejando bastante que desear la calidad de sus contenidos. En la ESO sí que se imparten lecciones sobre el impacto del cambio climático, como el efecto invernadero, la influencia de la economía en el calentamiento global, la deforestación, la capa de ozono, la lluvia ácida y la desertificación.

Diferentes actores del profesorado de Primaria, Secundaria y la Universidad, en centros públicos y privados, han mostrado cierta incredulidad en cuanto a la situación y progreso de la educación ambiental (según la Estrategia Navarra de Educación Ambiental). No obstante, la educación y la concienciación no van dirigidas únicamente al ámbito educativo, sino a la sociedad en general (comunidades, administraciones, empresas, partidos políticos…). El Libro Blanco de Educación Ambiental en España regula los derechos de información, de participación pública y de derecho de justicia en cuestiones relativas al medio ambiente. Dicho libro trata de fomentar actividades de concienciación, negociación y capacidad de actuación de instituciones y personas para provocar así cambios de convicciones, reglas y actitudes que reviertan el cambio global. La participación de la sociedad se muestra fundamental para que los cambios se apliquen, siendo imprescindible aumentar la sensibilidad ante la degradación. Únicamente a través de la participación se puede conseguir la cohesión social que resuelva los problemas acaecidos a raíz del cambio climático. La implicación ciudadana en la toma de decisiones políticas suele incrementarse cuando la ciudadanía se siente afectada. El actual aumento de la participación ciudadana se entiende como una inestimable contribución a la sostenibilidad y la educación ambiental.

La Unión Europea, el Consejo, el Centro de Investigación e Innovación Educativa de la OCDE y la UNESCO presentan programas de educación medioambiental. ONG´s internacionales también han llevado a cabo iniciativas y desarrollado redes de conexión internacionales para cooperar con las instituciones mencionadas anteriormente. La Fundación para la Educación Medioambiental en Europa (FEEE) fue fundada en 1981 con el propósito de desarrollar iniciativas para la juventud, tales como “European Eco-Schools” o “Young Reporters of the Environment”. Dicha Fundación también ha llevado a cabo planes para adultos, siendo un ejemplo de ello la “European Blue Flag” para el buen mantenimiento de las playas de Europa. Dado que las políticas en materia de educación medioambiental van dirigidas a los colegios e institutos -como hemos visto insuficientes y caducas-, se precisa de más y mejores iniciativas educativas dirigidas a los mayores. Estas iniciativas podrían contener métodos que fomentasen la formación profesional continuada y holística, desarrollando para su utilización en educación medioambiental nuevas formas y tecnologías de la información, inclusive explorar nuevos caminos legislativos y educativos con la finalidad de incrementar la participación ciudadana en decisiones referentes al medio ambiente. Existe incluso la posibilidad de promover acciones que aumenten el atractivo de nuevas formas de vida y de consumo necesarias y deseables en materia medioambiental.

Dado que los objetivos y retos medioambientales son antagónicos al crecimiento económico tal y como lo entendemos actualmente, sería apropiado que la “abundancia” entendida como prosperidad, se sustituyese por “calidad de vida”, incluyendo un aumento de patrones relacionados con el bienestar socioeconómico. Este gigantesco reto podría ser promovido por la innovación tecnológica, pero su consecución está sujeta a una renovación en las actitudes sociales. Como hemos comentado, las empresas y las instituciones tienen un rol ejemplarizante en la sociedad, siendo espejos de la realidad socioecológica. Los códigos de buenas prácticas medioambientales tienen un papel crucial en cuanto a la recuperación y la adaptación al cambio global. Según la ONU, los códigos de buenas prácticas son los actos que propician transformaciones en los métodos y formas de actuar de la comunidad, pudiendo germinar cambios positivos en las formas de actuación tradicionales. Ha quedado demostrado que la aplicación de buenas prácticas conlleva mejoras palpables en el medioambiente, sea cual sea el sector en el que se apliquen. No se trata de utopías de cambio hipotéticas, como ciertos sectores de la sociedad tratan de caricaturizar. Colaborar entre distintas compañías, de orden púbico o privado, y reforzar la participación e interacción social son consejos de buenas prácticas que pueden generar impacto en el cambio socioecológico provocando imitaciones.

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